Hace más de veinte años, mientras cursaba sus estudios en Harvard, Patrick McGinnis publicó «Social Theory at HBS: McGinnis’ Two FOs» en el periódico estudiantil. En este ensayo describía dos patologías que había observado entre sus brillantes compañeros: FOMO y FOBO.
El FOMO, Fear of Missing Out, impulsado por la explosión de las redes sociales, se ha popularizado hasta definir a toda una generación. El FOBO, Fear of a Better Option, permaneció durante años en un segundo plano. Sin embargo, es el que mejor explica lo que ocurre en muchas empresas hoy.
En 2026 los avances de la Inteligencia Artificial van más rápido que nuestra capacidad de asimilarlos. Todos lo vivimos. Hemos normalizado que cada nueva funcionalidad, cada nuevo modelo que aparece, supere al anterior y transforme lo impactante hasta entonces en irrelevante de forma cruel. ¿Quién se sorprende hoy por obtener un buen resumen de un documento extenso o una imagen personalizada en unos segundos? Hace apenas unos años era algo impensable.
Los agentes y los tokens han entrado de lleno en la conversación sobre la productividad de las empresas. Y muchas compañías se han quedado atrapadas tratando, a la vez, de entender lo que está pasando y de encontrar el camino para su adopción. Atascarse por el puro temor de que exista una opción mejor que la que estamos a punto de elegir (FOBO), superados por la inmensidad de alternativas y la velocidad con la que están apareciendo, resulta tan probable como peligroso.
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